Reflexión sobre lo Estético Filosófico de la obra

October 11, 2015

 

   Esta obra es modelada con la materia y el sentido profundo del “Manifiesto Suprematista”.

 

“La supremacía de la sensibilidad pura en las artes figurativas.”

“…el valor estable y autentico de una obra de arte consiste exclusivamente en la sensibilidad expresada.”

 

“…para el suprematista siempre será valido aquel medio expresivo que permita que la sensibilidad se exprese de modo posiblemente pleno como tal, y que sea extraño a la objetividad habitual. ….”

 

“Decisiva es… la sensibilidad; a través de ella el arte llega a la representación sin objetos, al suprematismo. “

                                               k. Malevich, San Petesburgo en 1913, publicado en 1915

 

   Profundamente vigente proyecta su luz sobre el misterio de la obra de arte; señala no solo el sentido del arte sino que precisa el sentido del artista. La orientación de una búsqueda de aquello no objetivo, que finalmente define  a una obra objetiva, hecha materia.

 

   Tomo a la sensibilidad como una facultad perceptiva y pulsante. Lo perceptivo nutre al ser en forma natural, inconsciente. Un instante de pausa para hacer conciente todo lo que captamos, permite descubrir parte de toda la información que nuestro ser esta elaborando sin ser partícipes.

   Mientras escribo, tengo mi conciencia amarrada a las palabras, sin embargo percibo la intensidad de la luz sol que penetra por las ventanas, detrás de la música de Satie, canto de pájaros, ruido de una puerta, una bocina, brisa suave se desplaza sobre mi piel, perfume de té caliente, tibieza de la estufa en mis pies, sabor de azúcar aún quedó en mi boca.

Nuestro interior en  cada instante está conformando la realidad desde el caudal perceptivo,  este nos permite sentir y ubicarnos concientes o inconscientes en nuestro espacio y tiempo; pero junto con esta realidad también va conformando una realidad paralela que trasciende el momento, para modelar o crear aquello que realmente somos y nos determina.

 

   La percepción sensible es una cadena de sutiles sensaciones, que nos permite  escalar y hace posible subir a las alas de un pájaro con solo mirarlo… volar en él, sentir con él. La sensibilidad es infinita, es definitiva no podemos escapar de ella. De la construcción de esta materia perceptiva surge la cualidad conciente del ser humano, como una pulsión en la búsqueda del sentido, o simplemente una respuesta.

 

   El Suprematismo centra la misión del artista en la capacidad sensible de exponer la materia pura de la percepción, tratando de alcanzar una octava superior en  la elaboración de las impresiones aprehendidas, y manifestarlas en plenitud rozando la utopía de la libertad.

 

Es sugestivo destacar este concepto, desde el ámbito etimológico  de las palabras sensibilidad, sensible, sentimiento, sentir, todas  vinculadas al “sentido” y este vinculado a la orientación, quizás… a la toma de conciencia.

 

sensi(bilidad) lat. sēnsu(m) 'sentido', 'sensibilidad' + -bile(m) lat. 'capaz de ser', 'susceptible' + -tāt(em) lat. 'cualidad'

 

   En el caso del arte este “sentido”se orienta a lo ontológico, al ser.

 

   Manifiesto…

“Llega a un desierto donde nada es reconocible, excepto la sensibilidad. El artista se ha desembarazado de todo lo que determinaba la estructura objetivo-ideal de la vida y del arte…para escuchar solamente la pura sensibilidad.”

 

 

   El Suprematismo nace en un contexto de crisis, con la primer guerra mundial, tratando de escapar a lo efímero de la vida frente a esa muerte tan presente, descreído de las pautas de una sociedad que condujo al mundo a este estado destructivo, buscando aprehender al ser del hombre en lo trascendente a través del cordón que une el espíritu con la materia.

 

   Busca el origen de la trascendencia de la obra de arte en algo que no se puede definir “la presencia de lo absoluto”, pero sí puede definir la percepción del absoluto, sí la fuerza mágica universal, atemporal y coercitiva que acompaña como una constante la historia de la humanidad, aquellos rasgos característicos que trascienden el tiempo vinculados a nuestro mundo sensible, y al miedo a la disolución o desintegración ante la muerte.

 

   El artista es solo un portavoz de una necesidad colectiva de representación, de manifestación. Es un individuo portador de una “sensibilidad” generada por un contexto social y humano propiciatorio, que lo gesta con una percepción diferente y aguda de la realidad, donde la pulsión de crear colectiva golpea y atraviesa su ser con el mandato de la creación de una forma determinada que exprese su identidad conceptual y trascienda desde la universalidad  propia de  los símbolos humanos. La delgada piel que separa la pulsión interior del deseo de crear y la realidad, le compele a  expresar una verdad colectiva de trascendencia que toma posesión del lenguaje del arte en un tiempo y en un espacio determinado. La expresión sensible de toda una sociedad pulsante y gestora depende de este artífice.

 

   El arte es la expresión del espíritu del Hombre en un tiempo y un espacio determinado, pero como manipulador de la quinta esencia, trasciende ese espacio y ese tiempo representado.

 

   En nuestra época donde la comunicación global ha permitido dar  un gran salto  hacia la diversidad, la humanidad crea artistas y medios heterogéneos, las vanguardias ya pasaron y abrieron caminos al cambio buscando la libertad de expresión. La vanguardia hablaba de una ruptura de una entrada sostenida  a un  contexto rompiendo su status quo.

 

   Hoy no existe un status quo homogéneo en un ámbito geográfico aislado, la diversidad y con ella la contradicción es el común  denominador de nuestra sociedad, producto de la velocidad  y el avance de nuevas tecnologías, esto exige una pronta adaptación que la especie aún no puede sostener.

 

   La  multiculturalidad global “en comunicación”,  es la que confirma y convoca a la diferencia, buscando una integración o antagonizando con la misma, pero ratificando su presencia. No hay paso atrás, nos  orienta naturalmente hacia un probable respeto por lo heterogéneo como la actitud valiosa y representativa de nuestra época.

 

   En medio de esta floreciente diversidad expresiva, la celeridad de la comunicación no da tiempo de reflexión para el análisis de los contenidos y las formas, convalidando todo como expresión de una sociedad compleja y múltiple. Aún no se define la orientación de nuestra época en un sincretismo, por la tensión propia generada por el fenómeno de la individuación que necesita reconocer su arquetipo cultural como herramienta de certeza.

 

   Sin embargo el artista como arquetipo social, lleva el mandato de ser el visionario y como tal descansa en él la sociedad a  la espera de soluciones estéticas que permitan la lectura de su tiempo; en tanto el artista, se aventura buscando verdades trascendentes. De esta tensión entre el mandato social y la búsqueda del artista surge la obra de arte.

 

   Nuestra disposición por clasificar para organizar y comprender, limita nuestra capacidad de conocimiento de lo complejo y tiende a reducir la gran percepción de la realidad de un todo integrado interactuante; solo a través de la sensibilidad, la captación de ese “todo” es posible, esta es la vocación del arte…  y la del artista la manifestación del mismo.

 

   En la actualidad  el arte, como representante de una sociedad heterogénea, esta  abierto a recibir cualquier tipo de manifestación y cobijarla bajo su nombre, si su artífice considera que le corresponde este espacio y lo toma como propio. Ante esta realidad abierta, me atrevo a cobijarme bajo el nombre de Neo Suprematista, tomo este espacio por ser el que proclama a la sensibilidad, al vacío como el lenguaje de lo eterno, y a su búsqueda imposible me dirijo.

 

La geometría fue la primera herramienta del lenguaje estético del hombre, la sucesión de líneas aparece como testimonio en petroglifos de 40 millones de años, el ritmo en la percusión, sucesión de puntos, el viento de un hueso, la línea. La geometría es inherente a nuestra humanidad y es testigo de nuestra evolución, hasta las formas mas complejas se pueden enmarcar dentro de una estructura geométrica, es nuestro lenguaje de lo universal. Los símbolos y signos más antiguos, la utilizan como  instrumento  para generar su propia estructura y definir a través de la misma su significado. La música, la forma, todo toma organización geométrica, las religiones identifican a Dios como geometría  y convocan a una solución racional organizada de la verdad, sin observar las variables las irregularidades formales, con  una tendencia  hacia la búsqueda de lo perfecto, marcando nuestra necesidad de  estabilidad, de eternidad.

 

   Es necesario también considerar la presencia del caos,  reconocer el misterio de la presencia de agujeros negros, el punto… ¿Dónde está el orden de lo creado?…este es el desafío del artista, develar el misterio, la verdad, el orden y el caos, ambos… percibir la angustia de los espacios eternos infinitos frente a la muerte.

 

   La vida es cambio, movimiento, transformación, evolución, la humanidad marca sus ciclos como edades “antigua, media, moderna, contemporánea”, pareciera que esos cambios se dieron de un momento para otro y se dividiera la historia. No obstante los cambios minúsculos permanentes son los que avanzan, el arte acompaña este camino con la imagen mutante de preguntas permanentes.

   La substancia creadora del arte es la duda, quiénes somos, de qué estamos hechos, cuál es nuestro origen, cuál nuestro destino, y sin encontrar certezas modela su imagen.

 

   "El arte  está hecho de esta materia sin certeza, pero con sentido."

 

 

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